Todavía impactado por la presentación del nuevo logo del Museu Marítim de Barcelona, me dispongo a hablar de... sexo. Mejor será dedicar este espacio para divagar sobre el componente erótico que envuelve todo centro de trabajo que se precie y así tendremos más lectores, para qué engañar. No penséis que vamos a citar los mejores lugares para la práctica del cruising. Que cada uno se busque la vida como pueda. Tampoco esperéis comentario alguno sobre las últimas incorporaciones femeninas en oficinas o salas. Ni de esos bellezones que de tanto en tanto se pasean por nuestro museo. Eso lo dejaremos para las tertulias más privadas.
Vigilar tantas horas en salas es lo que tiene, que ocupas el tiempo en cosas tan banales. Una recomendación: no penséis en esos temas en verano porque ya hace suficiente calor en salas como para aumentar la temperatura de forma innecesaria. Eso sí, hay días que tienes que hacer un esfuerzo considerable por evitar las referencias sexuales. Un ejemplo: Una de las embarcaciones que se encuentran en el área expositiva de la Marina Catalana es conocida como... "Polveiro" ( para los mal pensados, no es “polvo” en gallego).
Y aún hay más. Si eres chica y te encuentras en la zona de recogida de audioguías, y un ciudadano croata te pide su pasaporte, que previamente ha depositado como depósito, puede haber un incidente diplomático. Lo que en castellano es pasaporte, en croata es putovnica. A primera vista parece que te estén insultando, y en función del humor que tenga la asistente de sala de turno, la cosa puede acabar mal. Y, claro, que te digan eso a la cara no es agradable. Mejor dejarlo aquí aunque podría seguir hablando de otros referentes como ese planetario inflable...
Para momentos hilarantes los que provocan el idioma. No hay nada peor que ese turista que lleva dos meses estudiando la lengua de Cervantes e intenta ser simpático. Y claro, algún visitante extranjero se hace el simpático y confunde el estar con el tener. Así, una asistente tuvo que oir una vez: “Tú estar muy caliente”. Sí, vale, podría estarlo si hubiese pasado por ahí delante Brad Pitt, no lo neguemos, pero no era el caso. Cuando llegue a la octava lección descubrirá que en esas ocasiones es mejor decir: “tú tener calor” (hasta la veinte no se deja de hablar como los indios).
A veces se producen situaciones de ese tipo cuando se intenta ser gracioso. Como la que vivió un compañero en taquillas cierto domingo por la mañana:
Asistente: -Señora, una entrada de estudiante y una de adulta, ¿no?
Señora: -Sí, una de estudiante y una de adulta, que no de adúltera... (con mirada y sonrisa orgullosa por el chiste que acaba de hacer).
Niño: (Mudo y colorado de la vergüenza después del comentario gracioso de la madre).
Asistente: (Pensando en el daño que había hecho el Club de la Comedia)
Uno de los momentos más surrealistas se vivió en cierta ocasión cuando una mujer extremadamente celosa llamó por teléfono a primera hora de la mañana para pedir explicaciones a una de nuestras compañeras por haberse dirigido de forma amable a su marido. Si es que no se puede ser educado con el visitante, después pasan estas cosas. No me quiero ni imaginar las explicaciones que tuvo que dar el marido esa tarde.
Menos mal que la anterior inquilina del departamento de comunicación ya hizo porque nuestros uniformes fueran lo menos atrevidos y sexys posibles. Y aún así varias de nuestras compañeras han sido piropeadas e incluso algún compañero, aunque este no sea mi caso. A ver si con la llegada de la “Maternal” (juego fácil de palabras con su nombre y no porque sea una madre con sus subordinadas ) al departamento se mejora el diseño. La tarea no parece difícil porque el listón está bajo. Mientras tanto, intentaremos pensar menos en sexo y más en el logo, las olas y las letras de palo seco...

Pot un ésser humà enamorar-se d’un robot amb corbes de dona? És una perversió tenir relacions sexuals amb un maniquí de silicona? Somnien els androides amb ovelles elèctriques? El cinema, el millor oracle de la modernitat, porta plantejant-se aquestes qüestions des dels germans Lumière. El 1927, Fritz Lang ja creà per a la seva Metròpolis una autòmat anomenada Maria. El 1984 Blade Runner tenia entre els seus protagonistes a una més que insinuant i violenta replicant anomenada Pris. Steven Spielberg anà molt més enllà en IA (2001), ja que va concebre un món futur en el que existien legions de cyborgs dedicats a oferir plaer carnal.
Igual que el Setè Art, el món real també ha tirat dels humanoides que, per bé que no tenen res a veure amb la mecànica ni la física, sí han servit com a ferramentes pel consol sexual. Per exemple, les tripulacions japoneses destacades en els submarins a durant la Segona Guerra Mundial, crearen les primeres nines inflables de la història no precisament com a flotadors en cas d’enfonsament de la nau, sinó per a matar el desig sexual en les profunditats marines. Després, convertides ja en un fetitxe, s’universalitzaren en els sex-shops de tot el món a mans dels americans.
Ha estat novament a Japó, un país que sempre va a la vanguàrdia de tot, on les nines inflables de tota la vida, aquelles amb tacte de plàstic, boca eternament oberta i postura hieràtica, han conegut a la seva segona generació: les dutch wives, una mena de replicants de làtex, vinil o silicona que, basades en l’estètica hentai, poden arribar a costar 6.000€. raons? Orient Industry, unes d eles marques que comercialitza aquesta juguets sexuals, assegura en llur publicitat que el tacte és quasi humà, al igual que el trets basats en persones de carn i ossos. El seu esquelet, similar al d’una dona real, es de metall. Fins i tot el cabell és natural. Caps intercanviables per aquestes geishes de goma.

La compra es realitza per internet i la nina arriba a casa del consumidor discretament embalada en una caixa amb forma de taüt. El pack inclou un curiós servei postventa: una vegada mort el propietari, l’empresa es compromet a recollir la seva pepona, a consagrar la seva ànima en una mena de ritual shintoista i a enterrar-la junt al seu propietari.

No són els únics: les firmes RealDolls i Mercadoll han copiat el format i han reproduït el cos i rostre de famoses actrius porno occidentals, però amb la possibilitat de customitzar al gust del consumidor: color de pell, d’ulls, de cabell i, és clar, de mides. També el vestuari es pot escollir: col·legiala, infermera o serventa...
L’enginyer alemany Michael Harriman va més enllà i proposa el llançament d’un androide sexual de caràcter femení “capaç” de respondre a estímuls sensorials, d’imitar una respiració agitada, de moure la pelvis segons la situació, d’augmentar la temperatura corporal durant l’acte i de mantindre els peus freds, igual que una dona real. Ja se sap, però, que si algú aconsegueix això seran els japonesos, again.
En el seu catàleg on line, les seves nines Meg, Rei, Mika o Alice, d’aspecte de nina, es presenten davant els seus possibles compradors vestides amb llenceria i poses suggerents, igual que si fossin prostitutes. Alguns japonesos adinerats ja les col·leccionen. Per exemple, un ciutadà d’Osaka ja ha protagonitzat més d’un reportatge a la televisió al posar orgullosament amb el seu centenar de lolites de goma repanxolades per tota la seva casa.
Hoy toca hablar de las “rotaciones”. Los más estudiosos (los menos) asociarán este término al mundo de astronomía y al movimiento de los astros. Y los más futboleros (los más) se acordarán de las tácticas empleadas por algunos afamados entrenadores, empeñados en cambiar de posición a sus jugadores con el fin de mejorar su rendimiento. En las últimas semanas esta palabra se ha hecho muy popular entre los asistentes de sala del Museu Marítim de Barcelona. La verdad, no es algo nuevo para ellos pues ésta práctica se aplica desde hace bastante tiempo. En esta ocasión, por motivos de salud, las rotaciones se hacen con mayor frecuencia, cada dos horas según las zonas. Fastidia admitirlo (porque viene desde arriba) pero la medida ha sido todo un acierto. No sólo se han reducido los problemas de salud sino que se ha mitigado el factor aburrimiento. Pero como todo es mejorable desde aquí proponemos formas mucho más divertidas de diseñar la planilla de cada jornada:
OPCIÓN BÁSICA: Se lee la planilla y te diriges a la zona donde se te ha designado esa jornada. No tiene ningún mérito ni aliciente. La resignación se apodera de ti e incluso puedes llegar al enfado si repites por segundo día consecutivo en algún emplazamiento poco deseado. La ventaja es que siempre sabes de quién acordarte cuando te envían a pasar toda la tarde en la zona de la Marina Catalana en invierno (a “morir” congelado) o en verano (a asfixiarte de calor), por decir un caso significativo. Eso sí, los problemas vienen en determinadas situaciones de vacío de poder (como la actual ¿?) en las que una junta gestora provisional (varios asistentes veteranos) se tiene que hacer cargo de esta tarea. En estos casos ya no tienes una cabeza visible a la que criticar o culpar de tu situación... ¡No comment!
OPCIÓN DEPORTIVA: Los asistentes de cada turno se reúnen en la entrada al museo. De nueve a diez dedican el tiempo a desayunar y realizar estiramientos (y no me refiero a estirar el brazo para encender el cigarro matinal). A las diez en punto salen a la carrera para ir ocupando los puestos que más les apetezca. Los más rápidos o en mejor forma física disfrutarán de situaciones privilegiadas dentro del museo. Riesgos: Tener que correr en verano con las menorquinas, como para "escoñarse". A favor: Es una buena forma de fomentar el deporte, sobretodo si te toca pasar un mes seguido en taquillas en épocas de máxima afluencia de público.
Esta práctica tiene un origen histórico pues ya los antiguos colonos americanos realizaban carreras de carros en búsqueda de los mejores pastos en el oeste. (¡Es lo malo de ver tantas películas de vaqueros los sábados por la tarde en mi tierna infancia!). La parte negativa es que, conociendo a más de una, la competición no se desarrollaría según los preceptos del Barón de Coubertain (para los de la ESO: Ese tío que creó las Olimpiadas Modernas) y sí se parecería más a las carreras de cuádrigas de Ben-Hur, con empujones y zancadillas. Para darle una mayor épica, de fondo se escucharía la canción de la película “Carros de fuego”. En caso de final disputado, y ya que disponemos de cámaras (aviso para “cacos”), habría que recurrir a la foto-finish.
OPCIÓN CLÁSICA: Recurrir a un clásico juego de niños de nuestra tierna infancia: El juego de las sillas. Es decir, cada asistente se dirige al lugar que se le ha asignado. Empezará a sonar una canción (estilo Benny Hill) y todos los asistentes empezarán a correr por las salas e irán intercambiando posiciones sin parar, hasta que de repente se corte la música. Todo el mundo se quedará quieto y durante dos horas deberá permanecer en ese lugar hasta que vuelva a sonar la música dos horas más tarde. Eso sí, el que se haya quedado sin una silla, permanecerá libre para cualquier tipo de contingencia (suplencia de compañeros o asistencia de grupos escolares). Para hacerse una idea de lo divertido que puede ser recuperar un juego de nuestra infancia, recomendamos ir a esta página del Youtube: http://es.youtube.com/watch?v=j_h4Qypu4Ro
OPCIÓN MODERNA: Implica un cierto riesgo para la integridad física de los asistentes de sala pero no por eso dejaremos de comentarla. Nos referimos a una mezcla de Opción Básica y Opción Deportiva. Se trata del “parkour” o “traceur”. A los más carcas ésto les sonará a chino. Sin embargo, los que nos preciamos de estar a la última sabemos de lo que estamos hablando. Si nos dirigimos al Wikipedia (la enciclopedia de los internautas) se nos define esta disciplina de la siguiente manera:
El Parkour (o arte del desplazamiento) es una disciplina que consiste en desplazarse por el medio urbano o natural, superando los obstáculos que se presenten en tu recorrido (vallas, muros, vacío...) de la forma más fluida y eficiente posible, y con las únicas posibilidades del cuerpo humano. Esta disciplina requiere una gran preparación física para realizar los distintos movimientos (saltos, pasavallas, escalada, etc.) que implica, pero además es necesario una mente decidida a superar los propios miedos, una gran concentración, y un espíritu fuerte.
Así que es buen método para agilizar las rotaciones y evitar la lentitud en los desplazamientos dentro del museo. Lo malo será ese día que tengas que saltar por encima de la Galera Real para ir de la zona de Marina Catalana a la zona de la Victoria. Ojo, porque hay que estar muy bien preparado y alguno podría romperse la pierna, y no miro a nadie...
Este artículo es un soplo de aire fresco para todos aquellos compañeros de salas que sufren los rigores del verano más extremo. No lo digo por algunos que disfrutan de sus últimas horas de vacaciones sino por los que cuentan con impaciencia los días que les quedan para salir corriendo de esa sauna. Como julio no es una época muy propicia informativamente hablando, nos hacemos eco de otras curiosidades que nos llegan de otros lares. Me hubiese gustado hablar o comentar algo sobre el cartel que el Ayuntamiento de Barcelona ha realizado para dar a conocer los museos de la ciudad. Su diseño ha sido todo un guiño a nuestro museo, con esa imagen del sol y las gafas, todo un detallazo. Me ahorro el comentario sobre el lema "Barcelona es bona si la bossa sona...". Pero como les están cayendo palos por todas partes con el tema de los apagones y lo del Ave, mejor correr un tupido velo y dar paso a algo mucho más refrescante llegado desde los Estados Unidos.
Por si no estás muy puesto en lo que a cotilleo y prensa del corazón se refiere, hace unos días el matrimonio Beckam celebró una espectacular fiesta -con todo el glamour de Hollywood- en una de las salas del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (a ver si Mª José toma nota). Debo admitir que sentí cierte envidia al ver a tanto famoso visitando un museo, aunque sólo sea para ir a una fiesta. Dada mi ignorancia, ahora ya sé, por ejemplo, que existe un museo de esa temática en L.A. Otra cosa será que lo visite porque igual prefiero recrearme en los otros "monumentos" de la zona.
Por suerte, parece que la dirección del Museu Marítim se ha percatado de la importancia de la promoción (desfile de Antonio Miró) y que no se puede ir de tan sobrados (tema promoción empresa patrocinadora de Fernando Alonso). Ya se sabe que los miembros de la organización de estos eventos tan fastuosos y llenos de glamour, suelen ir de prepotentes, y que te encantaría decirles cuatro cosas. Pero en el mundo de la tecnología y la información, sin publicidad y promoción, no eres nadie. Aparecer aunque sea en un breve de treinta segundos en la CNN, la Rai o Televisa no tiene precio. Bueno sí, pero estaría fuera del presupuesto del departamento de comunicación o de márketing. Así que no queda otra que comerse el orgullo, contar hasta mil, y reirle las gracias a esos estirados miembros de la organización. Y si aún así la responsable del alquiler de las salas y la jefa del departamento de comunicación quieren explicar sus peripecias, tienen un espacio en este blog para desahogarse.
Por ser verano no es mi intención torturar a la concurrencia con temas farragosos y polémicos. Para eso ya tenemos a otros articulistas más avezados en esas lides. El cuerpo me pide hablar de las cenas con los compañeros de trabajo. La norma no escrita nos señala que al menos en una, la de Navidad, se hace necesaria tu presencia para no quedar mal. Pero en otras ocasiones, cuando llegan épocas de buen ambiente en el trabajo o se junta un mayor número de fiesteros, se amplía el cupo de convocatorias hasta tres ó cuatro, según se tercie. En el caso del Museu Marítim, hasta hace bien poco no se vivían buenos momentos y el desencanto se había apoderado de la mayoría de sus empleados, que no tenían cuerpo para salir de fiesta más allá de lo estrictamente necesario.
Todo esto viene a cuento porque a finales de junio se convocó una de estas cenas populares, con gran presencia de asistentes de sala, en Cornellà de Llobregat, población vecina de Barcelona (aclaración para los lectores foráneos). Por lo que cuentan los que estuvieron allí, y no vieron mermadas sus facultades mentales por los efectos del alcohol, la reunión estuvo muy bien, con gran acierto en la elección del restaurante (bar de tapas) y del pub (especialidad en música nacional) donde se acabó la fiesta. El ambiente fue bastante bueno y las risas no faltaron durante toda la noche (el alcohol siempre ayuda). Además, se aprovechó ese día para homenajear a una de nuestras compañeras, Eulalia, que, por fin, iba a formalizar su relación de pareja. Nos gustaría poder enseñaros la fotografía de la protagonista recibiendo el regalo de sus compañeros, pero de momento no disponemos de la autorización para publicar la imagen en cuestión (no sólo los del Jueves tiene problemas con la censura).
Ya se pueden tener algunos malos rollos o enfados con algunos compañeros o jefes, pero siempre este tipo de iniciativas ayudan a rebajar algo la tensión y limar asperezas. De ahí la importancia de estas cenas, porque siempre se puede conversar más relajadamente y conocerse algo mejor fuera de tu entorno de trabajo, donde la proximidad siempre produce más roces. Algo que deberían aplicarse más los trabajadores de oficinas, poco dados a este tipo de iniciativas. Para ser fieles a la realidad, en los últimos tiempos varias personas (Mº José, Dolors...) están mucho más implicadas en este tipo de actividades. Ahora sólo falta una mayor presencia de la gente de oficinas y los asitentes en próximas convocatorias. Este sería un pequeño paso para una mejor entente entre compañeros, y un mayor respeto entre todos ellos. Tampoco espero que la próxima vez tengas que bailar con alguien si no te apetece o explicarle tus secretos más íntimos; no hay que exagerar. Bueno, un tema recurrente siempre es criticar a los jefes; éso siempre une. Lo recomendable es no hablar de temas de trabajo para ya se sabe que hay gente que no sabe desconectar ni en la intimidad. Y si eres chico lo tienes más fácil para bailar ante la pobre presencia masculina en estas convocatorias. Algún compañero bien puede dar fe de ésto que os explico. Si se aputan más hombres igual se le acaba el chollo. Como no se excluye a nadie, desde aquí queremos estirar las orejas al departamento de educación por su falta de compromiso con este tipo de iniciativas. Y no será porque no les gusta divertirse a los compañeros y compañeras de ese departamento. Y lo mismo puede aplicarse para las del departamento de restauración. Ya sé que les gusta salir de forma más íntima entre ellas, pero no estaría nada mal ampliar un poco las miras. A ver si algunos dejan de comportarse como repúblicas bananeras. Al final resultará que la Sala Comillas ejerce de auténtica Línea Maginot.
Una primicia para los más desinformados, está prevista una cena en septiembre. No se lo digas a nadie. No queremos que los de "arriba y los de "abajo" se lleven bien, que luego hay buen ambiente en el mueo y se trabaja más a gusto. Y éso a algunos molesta sobremanera. ¡Qué es un centro de trabajo sin malas caras, gritos o broncas! Por cierto, si eres jefe y lees este artículo, también estás invitado siempre que vengas a pasártelo muy bien. Una norma de etiqueta de obligado cumplimiento: Prohibido traer las fotografías de las vacaciones...