Noticia de alcance. Por una vez la redacción ha trabajado y estamos en disposición de dar una exclusiva, con prueba gráfica incluida. Una semana después de que el FC Barcelona presentase en sociedad la futura remodelación del Camp Nou bajo la batuta del prestigioso arquitecto británico Norman Foster (más conocido por ser el marido “satisfecho” de la doctora Ochoa, primera sexóloga televisiva), los investigadores de este blog han conseguido las primeras imágenes del "futurista" proyecto de remodelación del Museu Marítim de Barcelona.
En un intento por conseguir una mayor proyección económica, las mentes pensantes del museo han decidido destinar una parte del edificio a servicios mucho más productivos desde un punto de vista económico. Por fin el Departamento de Educación solucionará uno de los problemas de logística que los colegios padecían al visitar el museo. Y a tenor de la imagen de más abajo parece que la solución era muy fácil.
Como no queríamos ser menos que el Barça, el proyecto de reforma del edificio se ha adjudicado al prestigioso arquitecto japonés Estevachiki Terradashake. Para que no falte de nada, la remodelación también afectará a la indumentaria de los trabajadores. Se ha encargado al famoso diseñador pacense Antonio Mirón unos uniformes adecuados a las nuevas funciones que desempeñarán en el futuro los asistentes de salas. Un "peto" tejano sustituirá al clásico polo blanco y pantalón azul de toda la vida. ¡Que tiemble ese Foster...!

La dirección está que se sale. La llegada de cuatro nuevos equipos de receptores/emisor para grupos, que se suman a los cuatro antiguos que siguen operativos, ha permitido a la cúpula pensante frotarse las manos primero, y lanzarse a la cuenta de la vieja después.
Como si de un problema de matemáticas de la vieja escuela se tratara, el planteamiento, según los jefes, reza tal que así:
"Un señor, «R», tiene cuatro equipos de audio formados por 35 emisores cada uno. Otro señor, «P», le regala cuatro equipos nuevos con 35 emisores más en cada uno de ellos. Si «R» es jefe, y «P» también:
a) ¿Cuántos equipos podrán repartir los pringados de abajo cada hora?
b) ¿Cuál es el número total de alumnos/jubilados/similares que podrá disfrutar de emisores cada hora?"
Cabe destacar que la pregunta tiene su intríngulis. La lógica aplicada al buen funcionamiento del museo redundaría en una cifra que nada tiene que ver con la solución correcta del problema. La trampa está en el enunciado, concretamente en la parte que dice "Si «R» es jefe, y «P» también".
Realizada la aclaración, la respuesta correcta es la siguiente:
Cada hora:
a) Se pueden repartir ocho grupos (cuatro antiguos + cuatro nuevos).
b) El número total de usuarios que puede disfrutar de emisores de grupo cada hora es de 280 (8 equipos X 35 emisores por equipo = 280 emisores).
Pero para que este problema pueda aplicarse a la vida real sin alterar el resultado final, las mentes alienadas de los subordinados que a este museo dedicamos parte de nuestra existencia, entre las que me cuento, han llegado a la conclusión de que en el planteamiento deben introducirse algunas variables más.
De este modo, el encabezado del problema debiera enunciarse tal que así:
"Un señor, «R», tiene cuatro equipos de audio formados por 35 emisores cada uno. Otro señor, «P», le regala cuatro equipos nuevos con 35 emisores más en cada uno de ellos. Ante el súbito y repentino aumento de equipos disponibles, «P» decide negociar una serie de convenios ventajosos para sus empleados con tres empresas diferentes. Los convenios son los siguientes:
1. CONVENIO CON CORPORACIÓN DERMOESTÉTICA: Todos los empleados que acrediten debidamente su adscripción a la plantilla fija del Museu Marítim tendrán un 90% de descuento en el tratamiento OCTOPUS, consistente en implantes de brazos y manos biónicos hasta un número máximo de seis por persona. De este modo, quién así lo desee, podrá tener ocho brazos en lugar de los dos habituales.
2. CONVENIO CON ADOLFO DOMÍNGUEZ S.A.: Adolfo Domínguez se compromete a rediseñar las camisetas, blusones, pullovers y abrigos de los uniformes del Museu Marítim para que, en caso necesario, tengan ocho mangas en lugar de las dos habituales. A cambio, cada año podrá gozar de las instalaciones del museo en un número máximo de dos ocasiones para realizar los desfiles y presentaciones que crea convenientes, sin que sea obligatoria la presencia en los actos de Etoó.
3. CONVENIO CON FARMACÉUTICA BAYER Y LABORATORIOS CUSÍ: Farmacéuticas Bayer y Laboratorios Cusí se comprometen a enviar, de forma totalmente gratuita, un cargamento bien provisto de Aspirinas e Ibuprofeno, respectivamente, al Museo Marítim de Barcelona para aliviar las jaquecas que aquejarán a los asistentes y demás personal que pulula por la entrada y las salas del museo, provocadas por las aglomeraciones de púberes chillones. Como contrapartida, ambos laboratorios disfrutarán de la cesión gratuita de la sala Comillas para organizar seminarios y simposios siempre que tengan necesidad, y que acojan a sus directivos de todo el mundo para que tomen un refrigerio antes de pasarse por el Bagdad y/o algunos de los centros de masaje más reputados de la Ciudad Condal.
A tenor del aumento en la plantilla de trabajadores con ocho brazos correctamente uniformados y sin ataques repentinos de migraña excusables, capacitados para atender a más de una escuela a la vez, y teniendo en cuenta que «R» es jefe, y «P» también:
a) ¿Cuántos equipos podrán repartir los pringados de abajo cada hora?
b) ¿Cuál es el número total de alumnos/jubilados/similares que podrá disfrutar de emisores cada hora?"
Como cualquiera en sus cabales podrá comprobar, ahora sí la respuesta, además de correcta, es perfectamente viable y funcional.
¡Me muero de ganas que mi mujer vuelva a llamarme "pulpo", esta vez sí con todas las de la ley!
En 1949, Edward Murphy, intentó dar respuesta a todos esas personas desesperadas en búsqueda de una respuesta a lo inexplicable. Este señor es mundialmente conocido por enunciar una ley donde la protagonista es una tostada untada de mantequilla. Traducido al cristiano: Si se te cae la tostada al suelo, seguro que lo hace por el lado de la mantequilla (si la llega a poner encima jamón ibérico lo hacen presidente). Con lo fácil que era decir que "Si algo tiene la posibilidad de salir mal, saldrá mal. Eso sí, después de lo vivido con las temperaturas este verano en el Museu Marítim, a ese ínclito ingeniero norteamericano, un servidor le metería la tostada por sálvese la parte y bien untada en mantequilla para que...
Desde épocas inmemoriales, una de las mayores quejas de los visitantes y de los asistentes de salas son las extremas condiciones de temperatura que padecen tanto en invierno (con un frío gélido), como en verano (con un calor insoportable). La única forma de aguantar ocho horas sin desmayo en las salas del museo era el estoicismo de sus trabajadores ( y la nómina a final de mes, claro está). Ante las numerosas quejas, los capitostes del museo siempre se limitaban a decir que la climatización de las salas era inviable por su elevado coste (algo de razón hay pero en esta historia nos toca quejarnos a nosotros). Y mientras tanto, fueron desfilando las bajas por resfriados, faringitis, bronquitis, lipotimias...
De poco sirven los cursos de prevención de riesgos en el trabajo y escuchar lo perjudicial de trabajar en unas temperaturas extremas si no se toman medidas al respecto. Al menos, la última vez que se impartió un curso de estas características los miembros del comité de salud del museo parecieron tomar cierta conciencia del problema. Y ante la proximidad de un verano terriblemente caluroso se decidió realizar un estudio más o menos fiable. Se colocó un aparato para controlar la temperatura y la humedad en el área expositiva de la Marina Catalana, una de las zonas más afectadas por las temperaturas extremas. De forma más o menos regular se fueron anotando diariamente las temperaturas allí registradas.
Ya nos frotábamos las manos con la cara que pondrían nuestros jefes al ver esas hojas (con gráficos a color, quesitos, y demás exhibiciones con el excel) repletas de temperaturas rozando los 40º de sensación térmica. Y, efectivamente, se alcanzaron esos datos en varias ocasiones en el mes de agosto. Pero ni de lejos hemos tenido un verano excesivamente caluroso. Nuestro gozo en un pozo. Y aquí es donde aparece nuestro “amigo” Murphy. Ni 35º de media. Ni 65% de humedad. Ni desmayos. Ni lipotimias. Ni sudoraciones. Fiasco total. Resulta que el mes de agosto de 2007 ha sido el menos caluroso de los últimos 25 años en Barcelona. Para cuatro días que hizo calor asfixiante... ¡Porca miseria!
No hace ni una semana que el señor Daniel Robert (Bob para los amigos) Graham visitaba el Museu Maritim de Barcelona. Compró su entrada, pidió una audioguía último modelo y en menos de dos horas ya estaba en la calle. No vino sólo, lo hizo acompañado de un amigo. Su visita pasó sin pena ni gloria, en el anonimato más absoluto de no haberse topado con unas asistentes curiosas y por el eco que nos hacemos desde estas líneas. No era un visitante cualquiera. Se trataba de un destacado político demócrata con una dilatada trayectoria. Este ciudadano estadounidense fue Gobernador de Florida (1979-1987) y Senador (1987-2005) por Florida –¡qué grande es wikipedia!-. Podría vacilar y decir que lo reconocí nada más verlo, no será por ganas, pero la presencia de un par de testigos me haría quedar mal. En definitiva, de tanto en tanto, por el museo pasan personajes de cierta relevancia que merecerían dejar huella de su presencia en nuestras instalaciones.
No es la primera vez que nos visita algún “famosete”. Hace varios meses Laurent Jalabert, ex ciclista francés de gran renombre en la década de los noventa, se acercaba al Museu Marítim con su familia. Era un típico sábado por la mañana, tranquilo hasta que este hecho anecdótico captó la atención de algunos compañeros. Su presencia hubiese pasado desapercibida en cualquier institución de no ser porque entre nuestros compañeros hay varios fanáticos del deporte y del ciclismo, en particular. Con cierta dosis de humildad, mostró cierta sorpresa y admiración al ser reconocido. Al menos le sirvió para sacar pecho y recordar antiguas batallitas. Aunque había una persona que no estaba muy contenta. Su mujer miraba a nuestro compañero con cara de: “Ya le vale a este tío, ahora a ver quién aguanta a mi marido durante una temporada...”.
Pero para visita mediática la que nos relataba hace muy poco uno de nuestros compañeros. Fue hace varios años en la tienda del museo. Era una de esas tardes solitarias, aburridas, con escasa presencia de público. A media tarde un chico con gorra de béisbol entraba en la tienda. Nada anormal que levantase sospecha alguna salvo la impresionante mulata que le acompañaba –”¡qué suerte tienen algunos!”, pensaba él-. Después de fijarse un poco más en el chico –vamos, por disimular-, descubrió que debajo de esa gorra se escondía la cara de uno de los actores de la serie Friends. Sí, el actor David Schwimmer (o sea, Ross) estaba en el Museu Marítim de Barcelona.
Lo peor de todo es que nuestro compañero Toni estaba sólo y nadie a quien decírselo. Hizo correr la voz pero sólo Olga y Elvira parecieron reconocerle. Por desgracia no estaban por el museo los expertos en series televisivas (Dani, Eulalia, Artur...). Eso sí, este actor no escogió ni el día ni el mejor momento para pasar desapercibido. Por esas cosas de la vida y del azar, dos horas más tarde estaba prevista la asistencia del Rey Juan Carlos I a un acto que tenía lugar en el interior del museo, en la Sala Comillas. Para salir del museo sin ser reconocido Ross tenía que pasar delante de numerosos policías, perros rastreando las instalaciones, seguridad de todo tipo, decenas de periodistas y curiosos apostados en los alrededores. Pero ya se sabe que esas gorras de béisbol sobredimensionadas hacen milagros...
Como seguro que la presencia de gente famosa se extiende a más de estos tres casos antes relatados, el museo debería aprovechar este filón. Igual deberíamos pensar en algo así como crear un espacio al estilo Hard Rock Café o el Hall of Fame. Se les haría firmar en un Libro de Honor (nada que ver con la libreta cutre de la entrada), y nuestro fotógrafo les inmortalizaría para después colgar su fotografía en una de las paredes de la Sala Comillas, así Mª José o Alba podrían presumir de notoriedad cuando viniesen las visitas. Eso siempre luce y queda bien. Por no hablar de la explotación comercial a imagen y semejanza de la que hacen en el Hard Rock Café. Las encargadas del departamento de compras (o sea, Lourdes) podrían encargar camisetas del Museu Marítim con las caras y los nombres de esos famosos visitantes (¡que tiemble Custo!). Si cundiese el ejemplo en otros países, los turistas pagarían fortunas por tener camisetas de museos de todo el mundo, empezando su colección por la del Museu Maritim de Barcelona. Y luego dicen que este blog no tiene vocación de servicio. ¡Si es que algunos estamos desaprovechados! ¡Snif!
Todos aquellos que no acudieron a la cena que organizaron algunos de nuestros compañeros están de enhorabuena. Por fin hemos conseguido las fotografías de tan magno evento, con masiva presencia de asistentes de salas. Por suerte, existen pruebas que dan fe de la poca vergüenza que tienen algunos de ellos. Sólo las duras gestiones realizadas por el webmaster y la generosidad de la propietaria de la cámara han logrado este milagro de la información. Pido disculpas por si alguien no está conforme con el toque pop que le he dado a las imágenes. En todo caso, echadle la culpa a esos cursos baratos de photoshop que tanto se anuncian en la televisión y que me he comprado recientemente. ¡Es lo que pasa por tener tanto tiempo libre! Al menos servirán para reflejar el gran ambiente que hubo esa noche de junio.
La cena también sirvió como excusa para homenajear a una de nuestras compañeras, Eulalia, que se casó en el mes de agosto. Y como toda buena despedida que se precie, el mejor momento de la noche se vivió cuando la protagonista recibió de sus compañeros un regalo de lo más práctico: Un disfraz de playboy muy atrevido. Es de esperar que le haya dado muy buen uso durante los días posteriores a su boda. Lo suyo hubiera sido contratar a un stripper pero, por lo visto, el caché de Isma era muy alto y Miguel ya tenía un par de bolos contratados para esa misma noche. Como colofón a tanta fiesta, los más osados acabaron bailando en uno de los locales más populares de Cornellà. Os dejo admirando las fotografías y echando unas risas. A ver si las promotoras (Mª José y sus adláteres) de la próxima cena dan señales de vida...