ROTACIONES A LA CARTA
Hoy toca hablar de las “rotaciones”. Los más estudiosos (los menos) asociarán este término al mundo de astronomía y al movimiento de los astros. Y los más futboleros (los más) se acordarán de las tácticas empleadas por algunos afamados entrenadores, empeñados en cambiar de posición a sus jugadores con el fin de mejorar su rendimiento. En las últimas semanas esta palabra se ha hecho muy popular entre los asistentes de sala del Museu Marítim de Barcelona. La verdad, no es algo nuevo para ellos pues ésta práctica se aplica desde hace bastante tiempo. En esta ocasión, por motivos de salud, las rotaciones se hacen con mayor frecuencia, cada dos horas según las zonas. Fastidia admitirlo (porque viene desde arriba) pero la medida ha sido todo un acierto. No sólo se han reducido los problemas de salud sino que se ha mitigado el factor aburrimiento. Pero como todo es mejorable desde aquí proponemos formas mucho más divertidas de diseñar la planilla de cada jornada:
OPCIÓN BÁSICA: Se lee la planilla y te diriges a la zona donde se te ha designado esa jornada. No tiene ningún mérito ni aliciente. La resignación se apodera de ti e incluso puedes llegar al enfado si repites por segundo día consecutivo en algún emplazamiento poco deseado. La ventaja es que siempre sabes de quién acordarte cuando te envían a pasar toda la tarde en la zona de la Marina Catalana en invierno (a “morir” congelado) o en verano (a asfixiarte de calor), por decir un caso significativo. Eso sí, los problemas vienen en determinadas situaciones de vacío de poder (como la actual ¿?) en las que una junta gestora provisional (varios asistentes veteranos) se tiene que hacer cargo de esta tarea. En estos casos ya no tienes una cabeza visible a la que criticar o culpar de tu situación... ¡No comment!
OPCIÓN DEPORTIVA: Los asistentes de cada turno se reúnen en la entrada al museo. De nueve a diez dedican el tiempo a desayunar y realizar estiramientos (y no me refiero a estirar el brazo para encender el cigarro matinal). A las diez en punto salen a la carrera para ir ocupando los puestos que más les apetezca. Los más rápidos o en mejor forma física disfrutarán de situaciones privilegiadas dentro del museo. Riesgos: Tener que correr en verano con las menorquinas, como para "escoñarse". A favor: Es una buena forma de fomentar el deporte, sobretodo si te toca pasar un mes seguido en taquillas en épocas de máxima afluencia de público.
Esta práctica tiene un origen histórico pues ya los antiguos colonos americanos realizaban carreras de carros en búsqueda de los mejores pastos en el oeste. (¡Es lo malo de ver tantas películas de vaqueros los sábados por la tarde en mi tierna infancia!). La parte negativa es que, conociendo a más de una, la competición no se desarrollaría según los preceptos del Barón de Coubertain (para los de la ESO: Ese tío que creó las Olimpiadas Modernas) y sí se parecería más a las carreras de cuádrigas de Ben-Hur, con empujones y zancadillas. Para darle una mayor épica, de fondo se escucharía la canción de la película “Carros de fuego”. En caso de final disputado, y ya que disponemos de cámaras (aviso para “cacos”), habría que recurrir a la foto-finish.
OPCIÓN CLÁSICA: Recurrir a un clásico juego de niños de nuestra tierna infancia: El juego de las sillas. Es decir, cada asistente se dirige al lugar que se le ha asignado. Empezará a sonar una canción (estilo Benny Hill) y todos los asistentes empezarán a correr por las salas e irán intercambiando posiciones sin parar, hasta que de repente se corte la música. Todo el mundo se quedará quieto y durante dos horas deberá permanecer en ese lugar hasta que vuelva a sonar la música dos horas más tarde. Eso sí, el que se haya quedado sin una silla, permanecerá libre para cualquier tipo de contingencia (suplencia de compañeros o asistencia de grupos escolares). Para hacerse una idea de lo divertido que puede ser recuperar un juego de nuestra infancia, recomendamos ir a esta página del Youtube: http://es.youtube.com/watch?v=j_h4Qypu4Ro
OPCIÓN MODERNA: Implica un cierto riesgo para la integridad física de los asistentes de sala pero no por eso dejaremos de comentarla. Nos referimos a una mezcla de Opción Básica y Opción Deportiva. Se trata del “parkour” o “traceur”. A los más carcas ésto les sonará a chino. Sin embargo, los que nos preciamos de estar a la última sabemos de lo que estamos hablando. Si nos dirigimos al Wikipedia (la enciclopedia de los internautas) se nos define esta disciplina de la siguiente manera:
El Parkour (o arte del desplazamiento) es una disciplina que consiste en desplazarse por el medio urbano o natural, superando los obstáculos que se presenten en tu recorrido (vallas, muros, vacío...) de la forma más fluida y eficiente posible, y con las únicas posibilidades del cuerpo humano. Esta disciplina requiere una gran preparación física para realizar los distintos movimientos (saltos, pasavallas, escalada, etc.) que implica, pero además es necesario una mente decidida a superar los propios miedos, una gran concentración, y un espíritu fuerte.
Así que es buen método para agilizar las rotaciones y evitar la lentitud en los desplazamientos dentro del museo. Lo malo será ese día que tengas que saltar por encima de la Galera Real para ir de la zona de Marina Catalana a la zona de la Victoria. Ojo, porque hay que estar muy bien preparado y alguno podría romperse la pierna, y no miro a nadie...