FALLA LA PRETEMPORADA
Al hilo del artículo anterior, creo, sinceramente, haber llegado a la raíz del problema. En definitiva, esta plaga de lesiones y bajas varias que afecta a la plantilla de trabajadores del museo se debe a una mala planificación de la pretemporada.
Acudiendo al siempre entendible símil futbolístico, nos pasa lo mismito que al Barça. Ficha bien, tiene una plantilla de ensueño, cuenta con los mejores jugadores en todas las demarcaciones, cuando está en plena forma fabrica un fútbol de otra galaxia, la prensa internacional cae rendida a sus pies, pero... Nada más empezar la temporada, los problemas físicos se convierten en una rémora insalvable: una rodilla maltrecha por aquí, unos isquiotibales que se rasgan, un ligamento cruzado anterior izquierdo hecho papilla en el primer partido como visitante, una gripe galopante mal curada...
¿Simple casualidad? ¿Mal de ojo? ¿Vudú desde
Pues exactamente lo mismo sucede en esta casa. ¿Acaso nunca nadie se ha preguntado por qué nuestro museo nunca logra meterse en los puestos de cabeza de la clasificación, los que dan acceso a
Para nada: la clasificación del Picaso se debe, sin ningún género de dudas, a la estudiada pretemporada que llevan a cabo sus trabajadores.
Aquí, cuando llega el periodo vacacional, se produce una diáspora imponente: la una que se las pira a Tennessee, el otro que se pone hasta el bonete de vinos y delicias gastronómicas varias en Extremadura, aquél que recorre media Italia y rellena un par de michelines con tortellini, tiramisúses y rissottos, el de más allá que va Bretaña arriba, Bretaña abajo y le mete a los caldos franceses que para qué, la de acullá que si de senderismo por las selvas de Teruel... ¿Qué se puede esperar, pues? Luego empieza la temporada, y parecemos el Espanyol: tenemos una plantilla que promete, plagada de jóvenes promesas que podrían llegar muy lejos, pero cuando está a punto de finalizar, acabamos salvando el pellejo en la última jornada, y de penalty injusto (con alguna expo temporal de relumbrón). Si algún año nos clasificamos para
Sé de buena tinta que en el Picasso planean la pretemporada a conciencia. En primer lugar, no dejan que sus empleados pasen las vacaciones dónde les plazca. Ellos, por el contrario, organizan un stage siempre en el mismo sitio: en París. Una vez allí, eligen los mejores escenarios para llevar a cabo suaves entrenamientos y algún que otro amistoso: el Louvre, el centro Pompidou, el museo de Orsay... Se empapan del buen hacer de sus plantillas, que han logrado convertir a sus clubs en los más ricos y poderosos del mundo, y luego regresan a sus puestos de trabajo con energías renovadas y unas ganas tremendas de iniciar la competición.
A nosotros nos pasa lo contrario: todo un mes dedicado al ocio, al comercio y al bebercio, se paga: una que se precipita por la escalera, la otra que se lanza a la piscina nada más salir, el otro que se la pega con la bici, unos cuantos en cama por culpa de los virus contraídos por esos mundos de dios...
SOLUCIÓN: Propongo, pues, desde el marco incomparable de este blog (que no bloc), que a partir del año próximo, el periodo vacacional se distribuya de la siguiente manera: tres semanas de stage preparatorio en Holanda, como el Barça de Van Gaal, que incluya amistosos en el Prins Hendrick de Rotterdam, por ejemplo. A continuación, una semanita en el Muntanyà para recuperar el tono muscular y ¡hala!, a trabajar. Si así procedemos, os aseguro que la próxima temporada maravillaremos con nuestro juego, y se reducirá drásticamente el número de bajas. Y de ahí a