MARITIME MUSEUM HALL OF FAME
No hace ni una semana que el señor Daniel Robert (Bob para los amigos) Graham visitaba el Museu Maritim de Barcelona. Compró su entrada, pidió una audioguía último modelo y en menos de dos horas ya estaba en la calle. No vino sólo, lo hizo acompañado de un amigo. Su visita pasó sin pena ni gloria, en el anonimato más absoluto de no haberse topado con unas asistentes curiosas y por el eco que nos hacemos desde estas líneas. No era un visitante cualquiera. Se trataba de un destacado político demócrata con una dilatada trayectoria. Este ciudadano estadounidense fue Gobernador de Florida (1979-1987) y Senador (1987-2005) por Florida –¡qué grande es wikipedia!-. Podría vacilar y decir que lo reconocí nada más verlo, no será por ganas, pero la presencia de un par de testigos me haría quedar mal. En definitiva, de tanto en tanto, por el museo pasan personajes de cierta relevancia que merecerían dejar huella de su presencia en nuestras instalaciones.
No es la primera vez que nos visita algún “famosete”. Hace varios meses Laurent Jalabert, ex ciclista francés de gran renombre en la década de los noventa, se acercaba al Museu Marítim con su familia. Era un típico sábado por la mañana, tranquilo hasta que este hecho anecdótico captó la atención de algunos compañeros. Su presencia hubiese pasado desapercibida en cualquier institución de no ser porque entre nuestros compañeros hay varios fanáticos del deporte y del ciclismo, en particular. Con cierta dosis de humildad, mostró cierta sorpresa y admiración al ser reconocido. Al menos le sirvió para sacar pecho y recordar antiguas batallitas. Aunque había una persona que no estaba muy contenta. Su mujer miraba a nuestro compañero con cara de: “Ya le vale a este tío, ahora a ver quién aguanta a mi marido durante una temporada...”.
Pero para visita mediática la que nos relataba hace muy poco uno de nuestros compañeros. Fue hace varios años en la tienda del museo. Era una de esas tardes solitarias, aburridas, con escasa presencia de público. A media tarde un chico con gorra de béisbol entraba en la tienda. Nada anormal que levantase sospecha alguna salvo la impresionante mulata que le acompañaba –”¡qué suerte tienen algunos!”, pensaba él-. Después de fijarse un poco más en el chico –vamos, por disimular-, descubrió que debajo de esa gorra se escondía la cara de uno de los actores de la serie Friends. Sí, el actor David Schwimmer (o sea, Ross) estaba en el Museu Marítim de Barcelona.
Lo peor de todo es que nuestro compañero Toni estaba sólo y nadie a quien decírselo. Hizo correr la voz pero sólo Olga y Elvira parecieron reconocerle. Por desgracia no estaban por el museo los expertos en series televisivas (Dani, Eulalia, Artur...). Eso sí, este actor no escogió ni el día ni el mejor momento para pasar desapercibido. Por esas cosas de la vida y del azar, dos horas más tarde estaba prevista la asistencia del Rey Juan Carlos I a un acto que tenía lugar en el interior del museo, en la Sala Comillas. Para salir del museo sin ser reconocido Ross tenía que pasar delante de numerosos policías, perros rastreando las instalaciones, seguridad de todo tipo, decenas de periodistas y curiosos apostados en los alrededores. Pero ya se sabe que esas gorras de béisbol sobredimensionadas hacen milagros...
Como seguro que la presencia de gente famosa se extiende a más de estos tres casos antes relatados, el museo debería aprovechar este filón. Igual deberíamos pensar en algo así como crear un espacio al estilo Hard Rock Café o el Hall of Fame. Se les haría firmar en un Libro de Honor (nada que ver con la libreta cutre de la entrada), y nuestro fotógrafo les inmortalizaría para después colgar su fotografía en una de las paredes de la Sala Comillas, así Mª José o Alba podrían presumir de notoriedad cuando viniesen las visitas. Eso siempre luce y queda bien. Por no hablar de la explotación comercial a imagen y semejanza de la que hacen en el Hard Rock Café. Las encargadas del departamento de compras (o sea, Lourdes) podrían encargar camisetas del Museu Marítim con las caras y los nombres de esos famosos visitantes (¡que tiemble Custo!). Si cundiese el ejemplo en otros países, los turistas pagarían fortunas por tener camisetas de museos de todo el mundo, empezando su colección por la del Museu Maritim de Barcelona. Y luego dicen que este blog no tiene vocación de servicio. ¡Si es que algunos estamos desaprovechados! ¡Snif!