CARACOLES, SIESTA Y MUSEU MARITIM DE BARCELONA

 

Que nadie se asuste por este título tan peculiar. Ni los trabajadores se regalan homenajes gastronómicos a costa de los caracoles, ni mitigan los efectos de una digestión pesada con una confortable siesta en las instalaciones del museo (al menos que se tenga constancia en este blog). En todo caso habría que preguntarselo a M.L. Lyke, corresponsal del Wasington Post (publicación conocida por desvelar el caso Watergate), que escribió el 20 de mayo un reportaje sobre Barcelona en el suplemento dominical de turismo de su diario. En su relato la periodista narra su periplo turístico por Barcelona y por la zona de Cadaqués. Su crónica se presenta bajo el título: "Barcelona: una cuestión de tiempo", en un claro guiño a la relación de Dalí con los relojes y el tiempo.

 

Hay profesiones agradecidas como la de periodista, pero aún lo es más si te dedicas a relatar viajes por todo el mundo. Es un auténtico chollo para algunos de estos afortunados. El inicio de su reportaje plagado de tópicos no tiene desperdicio. En las primeras líneas hace referencia a "Los Tarantos", club de referencia para los amantes del flamenco, para continuar detallando las excelencias de la vida nocturna de la ciudad, sobretodo de algunos clubs emblemáticos. Al menos sabemos que no se fue a dormir temprano. Igual por eso también señala la importancia de la siesta. No, si estresada no estaba la corresponsal. No me extraña que tuviese sueño después de comer si apreció las bondades de la sangría. Probarla la tuvo que probar, porque sino no se entiende que afirmase que "estaba convencida de que aquí no hay un vino malo". Eso lo dice porque no ha degustado los caldos tan "selectos" que te sirven en algunos de los locales de comidas del barrio donde está situado el museo. Grandes elogios dedica sobretodo al restaurante "Los Caracoles". Desde luego, hambré no pasó la corresponsal. Si lo mejor de todo es que encima te pagan por explicar lo bien que te lo has pasado.

 

Bueno, no todo fue salir de fiesta y pregonar a los cuatro vientos la vida nocturna de Barcelona. También tuvo tiempo para realizar visitas culturales. Nada nuevo que nadie supiese, alabanzas al Palau de la Música, a la Fundació Miró, a la Casa Batlló, Parc Güell y a la Sagrada Familia, la cual suponemos que visitó después de degustar una buena jarra de sangría porque, de lo contrario, no se entiende que la comparase con "El señor de los anillos". Y luego dicen que la ingesta masiva de alcohol no tiene efectos secundarios. Lo que se diría por aquí si algún alumno hubierse escrito en la selectividad que el maravilloso templo de Gaudí le recuerda a Mordor y compañía. Pero lo mejor y lo que más nos interesa estaba por llegar.

 

En su reportaje sólo hace referencia a dos museos de Barcelona: La Fundació Miró y el Museu Marítim de Barcelona (MMB). En sus cortas pero intensas líneas dedicadas a nuestro museo se destaca la belleza del edificio. De momento, se desconoce si esta visita la realizó bajo los efectos de la sangría o en un desesperado intento por encontrar un lugar para echarse una siestecita. De haberlo sabido le hubiésemos habilitado un pequeño hueco en el audiovisiual. Sea como fuere, nos dedicó unas elogiosas palabras que posiblemente tengan efectos colaterales en las próximas semanas con una mayor presencia de visitantes llegados desde los Estados Unidos. De ser así, deberíamos proponer un ticket combinado "MMB+Los Caracoles". Ojalá que el departamento de márketing tome buena nota. Dicho está. Al menos es como para estar orgullosos. No soy un experto en la materia pero una propaganda así de buena no tiene precio. Ahora ya podré sacar pecho con los amigos...

Comentarios

Habrá que adaptar el tiquet conjunto Bagdad+MMB+Narcosala y añadir "Los caracoles"


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