UNA NOCHE EN EL MUSEO: PAC-MAN
Que no se deje engañar nadie por ese título tan cinéfilo, no estáis ante una película de terror, al estilo de la "Noche de los muertos vivientes". Mañana, el Museu Marítim se añade a la celebración internacional de la "Noche de los Museos". Por la noche se podrá visitar el museo y realizar una actividad dentro de la galera (vamos, que se pagará por remar cual esclavo hace un montón de siglos). Que nadie se ría ni extrañe porque hace una semana varios trabajadores del museo, antiguos objetores de consciencia, pagaron por dispararse pinturas y arrastrarse por el suelo en una divertida jornada de paintball. Si hay alguien interesado en estas actividades sólo tiene que entrar en la web oficial del museo.
Como actividad no está nada mal, pero desde este humilde blog lanzamos una propuesta mucho más arriesgada y divertida para el visitante. La idea es montar un gigantesco videojuego en las instalaciones del museo. Nuestro modelo es una combinación entre el paintball y un clásico de los noventa, el Comecocos. Por si alguno no recuerda el desarrollo del Comecocos (PAC-MAN en la versión original) sólo tienes que ver la imagen de más abajo. ¿Cómo se jugaba? Muy fácil, sólo tenías que guiar al comecocos por un escenario lleno de pequeños puntos que ibas comiéndote según avanzabas en cualquier dirección. Eso sí, el único peligro eran esos cuatro fantasmas que te perseguían: Inky, Pinky, Blinky y Clyde. Sólo veías en la pantalla el Game Over (primera palabra inglesa que se aprende a tierna edad) si te alcanzaban tres veces.

Imaginaros un museo a oscuras. Un máximo de diez jugadores ataviados con brazaletes luminiscentes. Sólo tienes una linterna (herencia de la exposición de Tintin) para iluminar el camino. Más te vale utilizar las linternas porque, de lo contrario, no pasarías de la sala expositiva de Croacia (toda una zona llena de trampas). Y sólo tendrías que seguir los barquitos de color azul pintados en el suelo. Bueno, aquí una mano de pintura fosforita no iría nada mal. La idea es recorrer todo el museo, sin caerte, ni tropezar con nada y, sobretodo, sin perderte (la zona del audiovisual será clave). Y, para darle un poco más de vidilla al tema, saldrían cuatro "fantasmas" (aquí no quiero citar nombres por no cabrear a nadie) en búsqueda de esos jugadores intrépidos, que, en caso de ser alcanzados e iluminados por sus captores, quedarían automáticamente eliminados. Los jugadores no pueden correr y al paso de cada zona deberán recoger un objeto allí depositado. Como todo espectáculo, hace falta un público que jalee y disfrute con la persecución (igual veo muchas pelis de romanos), así que la pasarela sería la tribuna ideal para seguir las evoluciones de estos comecocos tan particulares.
Tranquilos, no nos hemos vuelto locos ni le robamos la cola al carpintero. Eso sí que dispararía la adrenalina y estaría más acorde a los nuevos tiempos. Sólo hay que ponerle un poco de imaginación y las ganas de pasarlo bien, sin límite de edad ni de sexo. Y si es del agrado del Polit Bureau, se puede intentar vender la idea como videojuego y venderlo en la tienda. Crear un merchandasing con camisetas y la versión en juego de mesa para las familias. Es una forma de aportar ideas para conseguir dar promoción y conseguir más dinero para el museo. Incluso renunciamos a cobrar nada por los derechos de imagen al ser los creadores de este juego tan alocado. Todo sea por aportar ideas. Mientras llega ese día, seguiremos disfrutando con el Comecocos, que de tanto hablar ya tengo algo de "mono"...