CARA O CRUZ

 

El próximo martes es una fecha muy especial para muchos de nuestros compañeros. Están citados a las nueve de la mañana en el salón de actos del museo. Está en juego una plaza de asistente laboral fijo. Y no es cosa esta para tomarla a broma, pensará más de uno. Durante años siempre se pensaba que te quedaban más balas en la recámara. Si no era ahora, habría más oportunidades. Sin embargo, poco a poco se han ido completando las plazas de asistente y las oportunidades van escaseando. Los más veteranos creen llegada su hora, pero no se fían porque ya han vivido otros fiascos. Normal. Los que llevan menos tiempo trabajando en el museo esperan tener también sus opciones como las tuvieron otros que entraron a pesar de no contar entre los máximos favoritos. Ya sea por la tensión que se vive o por su forma de ser, los aspirantes viven las horas previas con cierta tensión pero sin estridencias ni aspavientos que denoten nerviosismo. Cabe suponer que la procesión va por dentro. Y mientras tanto las casas de apuestas echan humo. ¿Quién será el afortunado o afortunada?

 

 

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Lo peor de todo este proceso selectivo es que sólo habrá un vencedor, si se puede decir así, y muchos los vencidos. Y es de estos últimos de los que más te acuerdas cuando llega el momento de examinarse. Ya lo dijo Kennedy: "La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana". Aunque, personalmente, nos quedamos con una más castiza y futbolera: "Lo malo no es perder, sino la cara de tonto que se te queda". Más de uno podemos dar fe de ello. Durante todos estos años hemos visto a compañeros llorar de la emoción o rabia por aprobar, pero también por haber suspendido, con todo lo que eso podía significar para su vida personal (casados con hijos, separados con hijos a su cargo, hipotecas que pagar...). Los que se llevaban el gato al agua mostraban su alegría, en algunos casos de forma contenida por respeto a esos otros compañeros con menos fortuna. Son recordadas las posteriores celebraciones en forma de piscolabis que organizaban y pagaban los que habían conseguido una plaza fija. ¡Qué menos! Tampoco nos olvidamos de esos roces entre compañeros. Alguna palabra más alta que la otra también se ha oído. Queremos creer que fue más fruto de la tensión que de otra cosa, por decirlo con suavidad y sin acritud.

 

De lo que si estamos seguros es del nerviosismo que se pasa el día que te examinas. Son pocos los que se muestran tranquilos ante una prueba tan importante. Da igual que te hayas examinado durante años y que tengas a tu espaldas cientos de exámenes realizados. Todo eso no sirve cuando Roger o Pere entregan las hojas con las preguntas. Ahí dudas de tu nombre y hasta de tu condición sexual. De haber un médico en la sala diagnosticaría más de un caso de Parkinson o de tics nerviosos de todo tipo. Y a decir verdad tampoco ayuda mucho a tranquilizar los ánimos que algún compañero haga ruiditos motivados por los nervios, o lo que es peor aún, alzar la vista y observar que alguien entrega el examen. "No puede ser", te dices a ti mismo, "si sólo he respondido diez preguntas y ese c... ya se ha ido de la sala". Es ahí cuando una gota de sudor empieza a caer por tu frente. La verdad, eso "jode" y desmoraliza. Y si eres un lince por haber respondido doce preguntas en poco tiempo, la sorpresa llega cuando vas a entregar tu prueba y Pere, con cierto tono de reprobación, te advierte que te has dejado la mitad del examen por responder. Y que nadie se ría porque más de uno y de dos han pasado por esa situación.

 

Muchos pensarán que ese nerviosismo viene motivado por la falta de práctica a la hora de examinarse pero nos llevaremos una gran sorpresa si indagamos en este aspecto un poquito. Alguien ha pensado alguna vez en la cantidad de exámenes que una persona realiza a lo largo de su vida. Es una simple pregunta retórica, por lo que espero que nadie haya perdido el tiempo ni lo pierda pensando en esto. Aquellos que estén muy aburridos y calculen ese número llegarán a la misma conclusión: Se cuentan por cientos. Hagamos un breve repaso a lo largo de nuestra vida, desde los inicios como estudiantes. Como todos ya tenemos una edad, hay algunos datos que están adaptados a épocas pretéritas (LOGSE). Durante la enseñanza obligatoria tuvimos que examinarnos en EGB, BUP, COU o FP. Los que siguieron estudiando en la Universidad tuvieron ración extra de tres a cinco años más como mínimo. Es de suponer que a los dieciocho años más de uno tenía "mono" de gasolina y se examinó del carnet de conducir (que levanten la mano los que tuvieron que pagar tasas). Todo esto sin contar que tus padres te llenasen las horas libres de actividades extraescolares: Judo (examen para subir de cinturón, aunque alguno no pasamos del blanco-amarillo), natación (examen para subir de color en el caballito), música (¡cuántas flautas tiradas a la basura!), mecanografía y taquigrafía (¡todos tenemos un pasado!), ballet o clases particulares en academia de inglés, con sus correspondientes pruebas de nivel. Vamos, que a los dieciocho ya eras todo un profesional.

 

    

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Una vez llegados a la actividad profesional, ya te crees salvado para siempre de esa tortura. Error. Si te animas a trabajar en la empresa privada tienes que volver a pasar por más pruebas o tests de todo tipo. Si en tus años mozos competías casi exclusivamente contra ti mismo, ahora lo haces para ser mejor que otros candidatos (Ver la obra "El Método Gronholm"). Acción que se se puede ir repitiendo cada vez que cambies de empresa. Por el contrario, si eres de los que aprecian el sector público no te escapas de pasar por más pruebas, incluso los "recomendados", aunque sólo sea por disimular. Es aquí donde ya da igual la edad que tengas porque no te libras de pasar nervios.

 

Si nos centramos en el caso del Museu Marítim de Barcelona, los asistentes de sala se examinan én más ocasiones porque tienen que pasar al menos dos pruebas para alcanzar la categoría de laboral fijo: Bolsa y Oposición. Casi que lo dejemos aquí porque estamos cerca de la jornada de reflexión y no queremos poner aún más nerviosos a nuestros compañeros. Es de admirar que todos ellos mantengan la sonrisa y la amabilidad ante el visitante a pocas horas de jugarse un puesto de trabajo. Ya sabemos que te pagan por eso pero no siempre es fácil. Sea quien sea el ganador final, todos tienen el mayor de los reconocimientos. Sólo cabe esperar que gane el mejor. Suerte a todos.

Comentarios

Hola publico incondicional del museo, que incluso al abandonar las salas seguimos aki informandonos...
Bien, es cierto que la vida esta llena de pruebas y examenes pero creo que faltan aun por mencionar muchas más que no se han recogido en este analisis tan respetuoso y exhaustivo.
Vereis y que hay de las preguntas con trampa que te hacen cuando buscas piso para compartir?????? por ejemplo: cuanto timepo tienes pensado estarte???? joder, que es lo que esperan? mucho o poco, kizas no les gusto y esperan a que este poco timepo...
para no hablar de la prueba de la primera cita!!! me he puesto muy esport o voy algo pija??? y si llega el momento: me habre puesto el tanguita adecuado???? Estas pruebas sí que son duras y te marcan para las siguientes...
Asi que que creia necesario citarlas a este articulo tan interesante!!!!
Muxos besos a todos/@s!!!!!


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